Story:
Otra Ochoa-Epic y con todos los ingredientes de siempre... paisajes, aventura, aire puro, páramo, "carguing",... La verdadera vuelta al Páramo de Sumapaz, desde Pasca hacia la zona de las Lagunas de Chisacá y de regreso a Pasca.
Salimos como a las 7:30am de Pasca, trece ciclomontañistas, después de un buen desayuno. El ascenso muy controlado, todos regulándonos para lo que sería un día largo. Poco a poco fuimos ganando altura y adentrándonos en el páramo. Al principio la pendiente era muy manejable, pero a medida que ganábamos altura la subida se tornaba más complicada.
Todavía sobre la trocha, paramos en una tienda a reabastecernos, e infortunadamente Melesia y Douglas, los canadienses, no nos vieron y siguieron derecho... derecho y para abajo! Oscar tuvo que descender unos 4km para alcanzarlos y hacerlos regresar. Acá estuvimos poco más de una hora esperando, resguardándonos del frío y descansando un poco.
Una vez nos reagrupamos retomamos el camino de subida todavía por trocha, pero pronto llegamos a un desvío en donde empezaba el primer punto crítico de la ruta, el "carguing"... dícese de la acción de cargar la bicicleta cuesta arriba. Fueron 2 o 3km en el primer tramo, con mucha pendiente y frío, pero una vez superado se pago totalmente. En este punto inicia un recorrido por el páramo, con un paisaje increíble y unos descensos excelentes! Más adelante otros trayecto de "carguing" para por fin coronar la montaña del páramo.
En este puntos nos habíamos separado un poco, justo antes de comenzar el descenso de poco más de 3km por unas huellas y una laja. Increíble, sin palabras. Hacia el final del descenso el terreno se pone más técnico y pues toma tu caída! Nada grave, pero caída igual. Al final del descenso se llega a la carretera que va desde Bogotá a San Juan de Sumapaz, la tradicional ruta que se toma para visitar el páramo. En este punto descansamos un rato y almorzamos, esperando a la segunda parte del grupo que tuvo alguna dificultad en seguir el sendero. Tomamos agua de panela, bastante rogada por cierto, y recuperamos energía.
En este punto ya era más de medio día y no llevábamos ni la tercera parte de la ruta, lo cual preocupó a algunos. Por esa razón iniciamos de nuevo el ascenso, un corto trayecto de unos 4km y pendiente moderada, después del cual comenzaba lo bueno... el esperado descenso. A toda velocidad descendimos por el parque natural, pasando en el camino por varias de las más conocidas lagunas, entre ellas Chisacá. Algunas paradas para apreciar el paisaje hasta que llegamos a la segunda tienda en nuestro camino. Allí reabastecimos nuevamente y nos preparamos ya para el último tercio de la aventura, el más difícil de todos, no solo por las pendientes que nos esperaban, sino por el frío que tendríamos que vivir en el páramo, y porque ya en la noche el cuerpo siente los estragos del día y la cabeza flaquea.
Comenzamos así la primera parte del ascenso, poco más de 6km de una pendiente manejable, siempre con el río en el costado izquierdo, dentro de un estrecho cañón. Más adelante un desvío, y ahora si lo bueno, el serrucho. Un sin número de subidas y bajadas, cada subida más dura que la anterior... seguramente por en cansancio. El frío era fuerte y en mi caso no sentía mucho los dedos de los pies, pero no había opción, estábamos a poco más de 20km de Pasca, en la mitad del páramo y ya entrando la noche. Sin luces la luna iluminaba todo el lugar, reflejándose en la neblina, y si bien la visibilidad en metros era poca, el efecto era buenísimo! Imposible tener un paisaje de páramo más típico.
En este trayecto de la ruta nos volvimos a fraccionar en dos grandes grupos, entre los cuales estaba Oscar, coordinando que todo fuera bien para los de adelante y los de atrás. En la oscuridad podíamos ver a Oscar, hasta que desapareció entre la neblina; solo lo volveríamos a ver ya llegando a Pasca. Todo iba bien, más allá del frío que afectaba mucho a algunos. Justo antes de comenzar un descenso, que creímos era el fin de los ascensos, paramos para reagruparnos, y justo cuando ya estábamos todos, fui a arrancar y el tensor se metió entre la rueda y partió cinco rayos. #$%&!!!
Eran casi las 7:00pm y ya completábamos 12 horas de nuestra travesía. El desperfecto mecánico se parecía a lo que me sucedió en el Cañon de Guatiquia, solo que mucho peor. Los cinco rayos eran continuos y se habían roto, unos del extremo que une al rin, otros del extremo central de la rueda. Nada, manos a la obra, a arrancar los rayos como se pueda y a enredar los demás de tal forma que no interfieran con el funcionamiento de la rueda. Mi problema afectó a todos, pues mientras esperaban a que yo cortara los rayos, el frío los golpeó fuerte. Para empeorar las cosas, la rueda se desalineó y quedó golpeando ambos lados del marco. Hicimos nuestro mejor esfuerzo para que medianamente funcionara y a seguir, no había mucha opción. Roberto decidió bajar por ayuda, mientras nosotros bajábamos más despacio él iba a encontrarse con los demás en Pasca y a subir en uno de los carros.
Pues si, a partir de este punto todas las subidas de lo que quedaba del serrucho fueron empujando la bici, porque el tensor quedó fallando, y las bajadas a un paso más lento de lo que hubiera sido en caso de ir bien. El frío seguía golpeando al grupo... pero no podíamos parar, hubiera sido peor. Apretar el paso para llegar rápido a la bajada y esperar que el clima fuera mejorando en el descenso. Y así fue, por lo menos para mi, poco a poco empecé a sentir los dedos de los pies, que alivio!
El descenso fue un poco lento, por el problema mecánico, pero igual cuando podía, me descolgaba. La trocha tenía algunos tramos menos rocosos y aprovechaba para acelerar el paso. Después de más de una hora de descenso íbamos más o menos agrupados cuando nos encontramos con el carro en el que venían Roberto y Aquiles, quedando poco más de 4km para llegar a Pasca. Melesia tenía mucho frio y yo estaba dispuesto a terminar la ruta como fuera, así que tomé su bicicleta y ella subió al carro, el cual también llevó mi bici averiada.
Los pedales de Melesia eran diferentes a los míos, así que nunca me pude "enchoclar"; la luz de la bici no tenía mucha potencia, por lo que mi frontal que llevaba en el casco me ayudaba un poco; y la pendiente del descenso aumentó. Me le adelante al carro para aprovechar su luz y partir de acá... velocidad!!!
En pocos minutos llegamos al pueblo y finalizamos otra Ochoa-Epic. Regresamos a Silvania donde nos estábamos quedando, no sin antes hacer la parada de rigor para comer... el segundo cuchuco con espinazo en menos de 24 horas, que poder! A dormir y soñar con el páramo y la aventura de ese día... inolvidable.
Otra Ochoa-Epic y con todos los ingredientes de siempre... paisajes, aventura, aire puro, páramo, "carguing",... La verdadera vuelta al Páramo de Sumapaz, desde Pasca hacia la zona de las Lagunas de Chisacá y de regreso a Pasca.
Salimos como a las 7:30am de Pasca, trece ciclomontañistas, después de un buen desayuno. El ascenso muy controlado, todos regulándonos para lo que sería un día largo. Poco a poco fuimos ganando altura y adentrándonos en el páramo. Al principio la pendiente era muy manejable, pero a medida que ganábamos altura la subida se tornaba más complicada.
Todavía sobre la trocha, paramos en una tienda a reabastecernos, e infortunadamente Melesia y Douglas, los canadienses, no nos vieron y siguieron derecho... derecho y para abajo! Oscar tuvo que descender unos 4km para alcanzarlos y hacerlos regresar. Acá estuvimos poco más de una hora esperando, resguardándonos del frío y descansando un poco.
Una vez nos reagrupamos retomamos el camino de subida todavía por trocha, pero pronto llegamos a un desvío en donde empezaba el primer punto crítico de la ruta, el "carguing"... dícese de la acción de cargar la bicicleta cuesta arriba. Fueron 2 o 3km en el primer tramo, con mucha pendiente y frío, pero una vez superado se pago totalmente. En este punto inicia un recorrido por el páramo, con un paisaje increíble y unos descensos excelentes! Más adelante otros trayecto de "carguing" para por fin coronar la montaña del páramo.
En este puntos nos habíamos separado un poco, justo antes de comenzar el descenso de poco más de 3km por unas huellas y una laja. Increíble, sin palabras. Hacia el final del descenso el terreno se pone más técnico y pues toma tu caída! Nada grave, pero caída igual. Al final del descenso se llega a la carretera que va desde Bogotá a San Juan de Sumapaz, la tradicional ruta que se toma para visitar el páramo. En este punto descansamos un rato y almorzamos, esperando a la segunda parte del grupo que tuvo alguna dificultad en seguir el sendero. Tomamos agua de panela, bastante rogada por cierto, y recuperamos energía.
En este punto ya era más de medio día y no llevábamos ni la tercera parte de la ruta, lo cual preocupó a algunos. Por esa razón iniciamos de nuevo el ascenso, un corto trayecto de unos 4km y pendiente moderada, después del cual comenzaba lo bueno... el esperado descenso. A toda velocidad descendimos por el parque natural, pasando en el camino por varias de las más conocidas lagunas, entre ellas Chisacá. Algunas paradas para apreciar el paisaje hasta que llegamos a la segunda tienda en nuestro camino. Allí reabastecimos nuevamente y nos preparamos ya para el último tercio de la aventura, el más difícil de todos, no solo por las pendientes que nos esperaban, sino por el frío que tendríamos que vivir en el páramo, y porque ya en la noche el cuerpo siente los estragos del día y la cabeza flaquea.
Comenzamos así la primera parte del ascenso, poco más de 6km de una pendiente manejable, siempre con el río en el costado izquierdo, dentro de un estrecho cañón. Más adelante un desvío, y ahora si lo bueno, el serrucho. Un sin número de subidas y bajadas, cada subida más dura que la anterior... seguramente por en cansancio. El frío era fuerte y en mi caso no sentía mucho los dedos de los pies, pero no había opción, estábamos a poco más de 20km de Pasca, en la mitad del páramo y ya entrando la noche. Sin luces la luna iluminaba todo el lugar, reflejándose en la neblina, y si bien la visibilidad en metros era poca, el efecto era buenísimo! Imposible tener un paisaje de páramo más típico.
En este trayecto de la ruta nos volvimos a fraccionar en dos grandes grupos, entre los cuales estaba Oscar, coordinando que todo fuera bien para los de adelante y los de atrás. En la oscuridad podíamos ver a Oscar, hasta que desapareció entre la neblina; solo lo volveríamos a ver ya llegando a Pasca. Todo iba bien, más allá del frío que afectaba mucho a algunos. Justo antes de comenzar un descenso, que creímos era el fin de los ascensos, paramos para reagruparnos, y justo cuando ya estábamos todos, fui a arrancar y el tensor se metió entre la rueda y partió cinco rayos. #$%&!!!
Eran casi las 7:00pm y ya completábamos 12 horas de nuestra travesía. El desperfecto mecánico se parecía a lo que me sucedió en el Cañon de Guatiquia, solo que mucho peor. Los cinco rayos eran continuos y se habían roto, unos del extremo que une al rin, otros del extremo central de la rueda. Nada, manos a la obra, a arrancar los rayos como se pueda y a enredar los demás de tal forma que no interfieran con el funcionamiento de la rueda. Mi problema afectó a todos, pues mientras esperaban a que yo cortara los rayos, el frío los golpeó fuerte. Para empeorar las cosas, la rueda se desalineó y quedó golpeando ambos lados del marco. Hicimos nuestro mejor esfuerzo para que medianamente funcionara y a seguir, no había mucha opción. Roberto decidió bajar por ayuda, mientras nosotros bajábamos más despacio él iba a encontrarse con los demás en Pasca y a subir en uno de los carros.
Pues si, a partir de este punto todas las subidas de lo que quedaba del serrucho fueron empujando la bici, porque el tensor quedó fallando, y las bajadas a un paso más lento de lo que hubiera sido en caso de ir bien. El frío seguía golpeando al grupo... pero no podíamos parar, hubiera sido peor. Apretar el paso para llegar rápido a la bajada y esperar que el clima fuera mejorando en el descenso. Y así fue, por lo menos para mi, poco a poco empecé a sentir los dedos de los pies, que alivio!
El descenso fue un poco lento, por el problema mecánico, pero igual cuando podía, me descolgaba. La trocha tenía algunos tramos menos rocosos y aprovechaba para acelerar el paso. Después de más de una hora de descenso íbamos más o menos agrupados cuando nos encontramos con el carro en el que venían Roberto y Aquiles, quedando poco más de 4km para llegar a Pasca. Melesia tenía mucho frio y yo estaba dispuesto a terminar la ruta como fuera, así que tomé su bicicleta y ella subió al carro, el cual también llevó mi bici averiada.
Los pedales de Melesia eran diferentes a los míos, así que nunca me pude "enchoclar"; la luz de la bici no tenía mucha potencia, por lo que mi frontal que llevaba en el casco me ayudaba un poco; y la pendiente del descenso aumentó. Me le adelante al carro para aprovechar su luz y partir de acá... velocidad!!!
En pocos minutos llegamos al pueblo y finalizamos otra Ochoa-Epic. Regresamos a Silvania donde nos estábamos quedando, no sin antes hacer la parada de rigor para comer... el segundo cuchuco con espinazo en menos de 24 horas, que poder! A dormir y soñar con el páramo y la aventura de ese día... inolvidable.
Tips:
Llevar buen abrigo para el páramo y calorías suficientes para el largo día.
Llevar buen abrigo para el páramo y calorías suficientes para el largo día.
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Sumapaz, pasca, bici, ciclomontañismo, paramo, San Juan, lagunas, chisca, carguing, ochoa, epic
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